PRESENTACIÓN
PATRICIA DEL CANTO ha designado a las piezas que expone en el Museo Nacional
de Bellas Artes como «Altares, Templos y Umbrales».
Designaciones que aluden a formas escultóricas que están en el
limite o en el umbral de los espacios arquitectónicos, casi tocándose;
o bien, esculturas que se disponen en los espacios naturales, erigiéndose
como altares o templos; hitos rituales que interrumpen la continuidad de la naturaleza
pero sin destruirla, por cierto. Al contrario, se trata de su convivencia y coexistencia
que, simbólicamente, reactiva la armonía entre el mundo natural
y el mundo humano.
Esta exposición en el hall central de este edificio provoca una descontextualización
que, si bien es cierto es el riesgo habitual de cualquier exposición,
en ésta se acentúa aun más porque el entorno con el cual
ella trabaja es precisamente el ámbito natural, donde la relación
con la escultura como concepto y práctica se hace íntima.
La vinculación de Patricia con la naturaleza es afectiva y vital y vale
la pena, a modo de ejemplo, recordar su actitud de protesta frente al corte indiscriminado
de álamos en el Campus de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Antes
que los troncos cortados se trasladaran, organizó un Simposio de Escultura con
profesores y estudiantes para que trabajaran la madera en el mismo Campus, impidiendo
así su destino final en una leñera o en una barraca.
En su itinerario escultórico ha llegado gradualmente a proponer formas
tridimensionales que invitan al público a participar. Su rigurosa producción
no está destinada sólo a la contemplación de una forma cerrada
sobre sí misma, sino que hay una sutil invitación a incorporarse
a un tenue ritual que se produce al transitar del exterior al interior de la
obra.